El Aparato Formal de la Enunciación [resumen]

de Émile Benveniste

Primero que nada: según lo que entendí yo, enunciación sería lo mismo que pronunciación, o sea es hablar. Es el momento en el que uno abre la boca y utiliza la lengua para decir algo.

El empleo de las formas son reglas que fijan las condiciones sintácticas en las que las formas deben aparecer normalmente, por pertenecer a un paradigma que abarca las elecciones posibles. Establecen cierta correlación entre las variaciones morfológicas y las latitudes combinatorias de los signos (concordancia, lugar, orden). Limitadas las elecciones, se obtiene un inventario que puede ser exhaustivo de los empleos y las formas, una imagen de la lengua en uso.


Es apropiado realizar una distinción entre las condiciones de empleo de las formas y las de la lengua:

· El empleo de las formas fue objeto de un gran número de modelos, muy distintos entre sí, ya que la diversidad de estructuras lingüísticas no se puede reducir un pequeño número de modelos que comprendan solamente los elementos fundamentales.

· El empleo de la lengua, por su parte, cuenta con un mecanismo total y constante que afecta a la lengua entera, de modo que incluso parece confundirse con la lengua misma.

La enunciación significa poner a funcionar la lengua por un acto individual de utilización. Es el acto mismo de producir un enunciado y no el texto del enunciado.

El discurso es la manifestación de la enunciación, es decir, el habla, la forma sonora de la lengua. Es un acto mediante el cual el locutor moviliza la lengua por su cuenta, tomándola por instrumento.

Hay 3 enfoques bajo los cuales se puede estudiar la enunciación:

1. El más directo es la realización vocal de la lengua. Los sonidos emitidos y percibidos proceden siempre de actos individuales. Los rasgos individuales siempre influyen en el acto de la enunciación fonética, pero incluso en el mismo sujeto, los sonidos no son nunca producidos exactamente. Estas diferencias se deben a la diversidad de las situaciones en que es producida la enunciación.

El mecanismo de esta producción es otro aspecto esencial del mismo problema. La enunciación supone la conversión individual de la lengua en discurso. Aquí la cuestión es ver cómo el sentido se convierte en palabras. La semantización de la lengua es quien se ocupa de esto, y nos conduce a la teoría del signo y el análisis de la significancia.

2. El segundo enfoque consiste en definir la enunciación en el marco formal de su realización. Se intenta delinear, dentro de la lengua, los caracteres formales de la enunciación, a partir de la manifestación individual que actualiza.

El acto individual por el cual se utiliza la lengua introduce primero el locutor como parámetro en las condiciones necesarias para la enunciación. Antes de la enunciación, la lengua no es más que una posibilidad. Después de la enunciación, la lengua se hace discurso.

Al ser una realización individual, la enunciación puede definirse como un proceso de apropiación de la lengua. El locutor se apropia del aparato formal de la lengua. Pero en el momento en que se declara locutor y asume la lengua, implanta al otro delante de él. Toda enunciación es una alocución (un sermón, un discurso) ya que postula un alocutario (quien recibe el mensaje).

3. En la enunciación la lengua se halla empleada en la expresión de cierta relación con el mundo. Para que la enunciación sea posible tienen que darse dos condiciones: el locutor debe tener la necesidad de referir mediante el discurso; mientras que en el otro debe existir la posibilidad de correferir idénticamente, haciendo del locutor un colocutor (o interlocutor).

El acto individual de apropiación de la lengua (es decir, la enunciación) introduce al que habla en su propia habla. La presencia del locutor en su enunciación hace que cada instancia del discurso constituya en centro de referencia interna para él mismo. Esto se hace evidente en el siguiente fenómeno:

Indicios de persona: yo para referirse al individuo que profiere la enunciación y para quien se encuentra presente como alocutario.

Indicios de la ostensión: las definiciones ostensivas (como este, aquí, aquél, etc.) poseen la particularidad de necesitar de un gesto que se realice al mismo tiempo que se pronuncian los términos.

Pronombres personales y adjetivos demostrativos: son forma que remiten solamente a individuos, ya sean personas, momentos o lugares (no como los términos nominales que remiten siempre a conceptos).

Estas tres formas tienen en común la característica de que solamente son posibles mediante la enunciación, son producidas exclusivamente por este acontecimiento individual.

Otro conjunto de términos aferentes a la enunciación son las formas temporales, es decir, los tiempos verbales (pasado, presente y futuro). Estos se determinan en relación con el ego, es decir, para uno el pasado es lo anterior a uno.

Podría creerse que la temporalidad es un marco innato del pensamiento, pero en realidad es producida a partir de la enunciación. La concepción de tiempo surge a partir de la categoría del presente; y el presente a su vez, es posible solo a través de la enunciación, ya que el hombre no dispone de ningún otro media de vivir el ahora si no es por la inserción del discurso en el mundo.

Así, la enunciación es responsable de ciertas clases de signos que promueven literalmente a la existencia, pues no podrían nacer ni ser útiles en el uso puramente cognitivo de la lengua. Hay que distinguir, entonces, entre las entidades que tienen su estatuto pleno dentro de la lengua y aquellas que solo existen a partir de la enunciación.

La enunciación da las condiciones necesarias para que el enunciador logre influir de algún modo sobre el comportamiento del alocutario. Dispone, para ello, de 3 funciones:

Interrogación: es una enunciación construida para suscitar una respuesta.

Intimación: órdenes o llamados.

Aserción: apunta a comunicar una certeza. Las palabras y no son formas asertivas.


Lo que en general caracteriza a la enunciación es la acentuación de la relación discursiva al interlocutor. Esta característica plantea por necesidad lo que puede llamarse el cuadro figurativo de la enunciación. Como forma de discurso, la enunciación plantea dos figuras igualmente necesarias:

Estructura de diálogo: dos figuras en posición de interlocutores son alternativamente protagonistas de la enunciación

Estructura de monólogo: es un diálogo interiorizado donde hay un yo locutor y un yo que escucha. En ocasiones, el yo que escucha puede intervenir.

Estas situaciones pedirán una descripción doble, de forma lingüística y de condición figurativa. Uno se contenta con invocar la utilidad de la comunicación entre individuos para admitir la situación de diálogo como resultante de una necesidad, y se prescinde de analizar sus múltiples variedades.

Una de ellas es la comunión fática, que es el fenómeno no psicosocial del funcionamiento lingüístico, es el lenguaje empleado en situaciones sociales libres, sin ninguna meta. Por ejemplo, cuando la gente acompaña un trabajo simplemente manual con un charareo que no tiene nada que ver con lo que hacen. Aquí, la lengua no depende de lo que pasa en el momento, el sentido de cada enunciado no puede ser vinculado al comportamiento del locutor o del oyente.

En el caso de la comunión fática, entonces, las palabras desempeñan una función puramente social, no pretenden intercambiar una información. Esta atmósfera de sociabilidad solo es posible mediante el intercambio de palabras: la situación entera consiste en acontecimientos lingüísticos. Cada enunciación es un acto que apunta directamente a ligar el oyente al locutor. Una vez más, el lenguaje no se manifiesta como un instrumento de reflexión sino como un modo de acción.

Por último, cabe distinguir la enunciación hablada de la enunciación escrita, la cual se mueve en dos planos: el escritor enuncia escribiendo y, dentro de su escritura, hace que se enuncien individuos.

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El resumen fue hecho por mí:

Rodrigo Mirra, estudiante de Diseño Gráfico en UADE

2 comentarios:

MISTERYSTORM dijo...

Gracias... Me sirvio un monton

MISTERYSTORM dijo...

Gracias... Me sirvio un monton.